O unas ondas cerebrales,
o el susurro de mi voz en tu oído.
Entre tu y yo mil mares
y a veces te escucho como una nana
en tu regazo me meces
y anochezco tranquilo
arrullo y susurro en tu oído
me emancipo de mi yo desgarrador
y amanezco empapado
en sudor frío
pesadillas y un dolor en mi pecho
impotencia de un mundo lleno de pis
y lleno de vampiros
donde ser puro no es un don
a veces es castigo...
si tu me amas
anochezco tranquilo
si tu me pierdes
soy de nuevo indefenso niño
a veces me duele azuzar
con mi viento las llamas de tu fuego
mas no me quemo en tu hoguera
aún no, aún es pronto para despertar
Entre tú y yo mil mares
y a veces kilómetros de tierra escarchada
noches de otoño frías
días de invierno azules
e inmaculadas
Tres meses ya esperando
arrullarme en tu regazo
susurrarte en tu oído
adentrarme en tus entrañas
morirme en ti
porque sin ti no he vivido
No soy un poeta
de tristes versos
ni escribo
con pasión mis letras
ni devoción lo que te digo
Pues me embarga algo mucho más profundo
y si te lo digo no tendrá solución
me deshago entre los planetas
y qué culpa tengo yo de ser mendigo
de pasiones desangeldas?
¿Qué culpa tengo yo?
Si entre tú y yo a veces hay mil mares
y yo me ahogo sin ti
y soy dios contigo
Nos sobran los motivos
eso es tan verdad como las verdades antiguas
de los poetas sabios
que susurraban al aire los cantares
Y yo susurro hoy
y silbo
y muero si no estás
y vivo si has venido
y mis ojos te lo están gritando
¡Te necesito!
¡Te quiero!
Necesito desahogarme
llorar abrazado a ti
mientras una lágrima cayó en la arena
y su sabor salado
hizo presa mi alma
Sin ti más no,
nunca más sin ti,
sin ti no soy yo,
y todos mis errores
los pago con tu ausencia
Ya son muchos meses
y muchos días
y varios años
y parece que... ¡Joder!
Nunca parece
nunca es
siempre hay barreras
ahora la carrera
ahora mi inmadurez
ahora la distancia
ahora el carnet...
Pero ahora es hoy
y hoy resuena en mi mente
la canción de la ilusión
de las loterias
Y un ejército de duendes
sabios con monóculo
y gafas de pasta
me van impulsando tanto a ti
que a veces me acelero
y suena piiiiiiiiiiiii
en un semáforo en rojo
Perdona si me lo salto
es impaciencia
no sé calmar tu ausencia
y claro... me sobresalto
No es fácil tener
varios ojos esperando que fracases
y no poderles decir
decidme apto, cabrones
decidme apto que ya me habéis hundido
entre mil mares
y no encuentro a mi sirena
Y algún día acabará la pesadilla
me despertaré a tu lado
lo sé
abrazado entre tus brazos
mientras tú acaricias la pelusilla
que algún día fueron hilos de azabache
Necesito despertar a tu lado
para estar para siempre ahí
lo necesito
te necesito
y a tu lado
y estando contigo
me siento feliz
Con mis intrínsecas metáforas personales acariciando párrafos huérfanos de sentido, mascotas deseosas de ser dominadas por la imaginación personal del personal
martes, 27 de noviembre de 2012
viernes, 28 de septiembre de 2012
Sky is the limit
Está mi Copy conmigo, y en Castilla ya la madrugada refresca.
En breve estas líneas cálidas de amor se arroparán de una chispa necesaria para dejar de ser presas de un papel.
Ay Esther, si supieras todo lo que te echo de menos, y todas las veces que te digo suspirando... Ay Esther...
Me animo en mi hora bruja particular, cuando mis fantasmas amigos me acompañan y mi ente por fin deja de estar solitario.
Y me arranco con unos pequeños trozos de prosa poética que son tan solo caricias en la noche para ti, que ahora sí, eres un caballo salvaje raro que se acerca curiosa a saludar a su corcel de las tierras frías, pues nunca olvides que nací en el norte, pero ahora, con mi azada y mi guadaña de árcano sin nombre, anhelo la sal pegada en mi piel de ese Mediterráneo que se ensucia de tristeza y se anima en la alegría de una soledad distraida por las olas frías.
Esther, mi vida, por supuesto que el límite son las estrellas. Tú eres estrella, luz que brillas en mi corazón, y yo también. Enana blanca o gran fuego azul, depende del viento caprichoso, ya sabes... Pertenecemos a constelaciones lejanas que hoy se quieren avenir, como buenas vecinas, y alumbrarse una junto a la otra. Y me imagino, que así como se arrulla Copy sobre mi bata de algodón, así lo hará la Bixa abrazada a tu regazo en tantas horas de intimidad que te pertenecen, y en las cuales ya no soy Sancho, sino tu Fer.
Y por supuesto que el límite son las estrellas, los astros y el firmamento, ese lugar mágico poblado de misterio, hasta en su pronunciación sajona... Sky...
"Sky is the limit", dice la canción. Y yo te digo que ahora sí, atisbo tu espiral de las energías bipolares mucho más cercana; el caballo raro sigue siendo salvaje, pero ya no tan raro, y aquí te recibo, o me recibes, o nos recibimos, pues vendré con colores púrpuras a tocar el pomo de tu sagrado templo, y verás que soy yo porque el Dios de los vientos te lo dirá. Y sí, creo que ya te lo ha dicho... Yo también me siento Dios a tu lado. Te lo digo, vengo desde lejos, pero con toda la ilusión del mundo.
Y recuerda... "Sky is the limit":
Pd. Y cuando seamos caprichosos, yo te meceré suavemente en el espectáculo de las tormentas y de las fuerzas electromagnéticas, y tú me enseñarás ese utópico universo dual que conforma tu esencia, mi Diosa Isthar. Yo seré el chamán Fer, ¿ves qué fácil? Y también tengo mi esipral. En ella vengo ahora.
Ulula el viento de Bastian, los cristales golpean y aún tenemos un cuento propio por escribir. Eso es que estoy muy cerca... ahora sí. Dicen que con tinta verde y roja se pueden construir historias interminables, y en mi mano tengo dos rotuladores de colores. ¿Cuál te pides tú?
Pd. 2.
Cómo se rescata a sí misma un alma pura de bandera,
si de banderas ya no queda más que la impureza,
del recuerdo que recuerdas,
que no es hoy, que no es ayer,
... que no es mañana,
se rescata la una a la otra,
y no hay ayuda ni clemencia,
no hay humano que pueda aparecer
como de la nada y susurrarle al alma pura de bandera...
....recuerda, recuerda
En breve estas líneas cálidas de amor se arroparán de una chispa necesaria para dejar de ser presas de un papel.
Ay Esther, si supieras todo lo que te echo de menos, y todas las veces que te digo suspirando... Ay Esther...
Me animo en mi hora bruja particular, cuando mis fantasmas amigos me acompañan y mi ente por fin deja de estar solitario.
Y me arranco con unos pequeños trozos de prosa poética que son tan solo caricias en la noche para ti, que ahora sí, eres un caballo salvaje raro que se acerca curiosa a saludar a su corcel de las tierras frías, pues nunca olvides que nací en el norte, pero ahora, con mi azada y mi guadaña de árcano sin nombre, anhelo la sal pegada en mi piel de ese Mediterráneo que se ensucia de tristeza y se anima en la alegría de una soledad distraida por las olas frías.
Esther, mi vida, por supuesto que el límite son las estrellas. Tú eres estrella, luz que brillas en mi corazón, y yo también. Enana blanca o gran fuego azul, depende del viento caprichoso, ya sabes... Pertenecemos a constelaciones lejanas que hoy se quieren avenir, como buenas vecinas, y alumbrarse una junto a la otra. Y me imagino, que así como se arrulla Copy sobre mi bata de algodón, así lo hará la Bixa abrazada a tu regazo en tantas horas de intimidad que te pertenecen, y en las cuales ya no soy Sancho, sino tu Fer.
Y por supuesto que el límite son las estrellas, los astros y el firmamento, ese lugar mágico poblado de misterio, hasta en su pronunciación sajona... Sky...
"Sky is the limit", dice la canción. Y yo te digo que ahora sí, atisbo tu espiral de las energías bipolares mucho más cercana; el caballo raro sigue siendo salvaje, pero ya no tan raro, y aquí te recibo, o me recibes, o nos recibimos, pues vendré con colores púrpuras a tocar el pomo de tu sagrado templo, y verás que soy yo porque el Dios de los vientos te lo dirá. Y sí, creo que ya te lo ha dicho... Yo también me siento Dios a tu lado. Te lo digo, vengo desde lejos, pero con toda la ilusión del mundo.
Y recuerda... "Sky is the limit":
Pd. Y cuando seamos caprichosos, yo te meceré suavemente en el espectáculo de las tormentas y de las fuerzas electromagnéticas, y tú me enseñarás ese utópico universo dual que conforma tu esencia, mi Diosa Isthar. Yo seré el chamán Fer, ¿ves qué fácil? Y también tengo mi esipral. En ella vengo ahora.
Ulula el viento de Bastian, los cristales golpean y aún tenemos un cuento propio por escribir. Eso es que estoy muy cerca... ahora sí. Dicen que con tinta verde y roja se pueden construir historias interminables, y en mi mano tengo dos rotuladores de colores. ¿Cuál te pides tú?
Pd. 2.
Cómo se rescata a sí misma un alma pura de bandera,
si de banderas ya no queda más que la impureza,
del recuerdo que recuerdas,
que no es hoy, que no es ayer,
... que no es mañana,
se rescata la una a la otra,
y no hay ayuda ni clemencia,
no hay humano que pueda aparecer
como de la nada y susurrarle al alma pura de bandera...
....recuerda, recuerda
viernes, 21 de septiembre de 2012
Cazorla en mi corazón
Amanece con la fresca en la Sierra Cazorla. Al este y noreste se divisan los campos de olivos, imperdibles e incesantes como una masa homogénea. Mientras, al sur y suroeste se alzan majestuosas las paredes calizas de un macizo antiguo que algún día divisó las costas africanas y fue fruto de la falla entre Europa y África. Los sistemas prebéticos me reciben y yo tan solo puedo alegrarme y abrigarme al calor del sol andaluz. Mi primera vez en los sures, hay que ver... Tierra de Lorca y Alberti, de Paco de Lucía, de Pablo Picasso, de Antonio Machado y de Lola Flores, de tantos y tantos genios que han escrito la historia sobre Al-Ándalus.
Me dispongo a pasar una semana visitando lo que la naturaleza quiera mostrame. Junto a mi gran amiga Esther, compañera infatigable en esta particular aventura, aproveché de manera magnífica 7 días y 7 noches en el julio más canino y caluroso que recuerdo haber pasado en mi vida. Pero el temido calor andaluz no es algo demasiado diferente de lo que sucede en Castilla. Abrigados por la sierra, la particular sequedad en el ambiente, donde muy pocas veces se alcanza más del 50% de humedad, me recuerda a mi tierra, y de alguna manera no me hace perder la orientación completamente en el nuevo paraje. El clima me es familiar, pues vivir a 800 metros puede ser muy duro por las grandes oscilaciones de temperatura. Diferentes como el día y la noche, suelen decir. En Cazorla tan solo tuve que adaptarme entre 5 y 10 grados. Mi cuerpo se rehizo perfectamente a las circunstancias, lo cual me hizo disfrutar más aún de todo lo vivido. Mis temores a vivir a más de 40º se esfumaron, y como siempre dijo aquel viejo refrán, "Con agosto, agostizo, se arruga la bota y se hispe el botijo".
Efectivamente, en nuestras caminatas interminables por el parque natural, además del sol, fiel compañero y perseverante durante las eternas horas del estío, el agua fresca de la nevera alivió y calmó la sed, tan oportuna como avisadora, tan sabia como cruel, en definitiva, juez y parte del respeto por la montaña. Y es que el miedo a una pájara fue mi mayor obsesión durante las excursiones siempre a pie.
Por suerte, supimos administrar a la perfección nuestros recursos hídricos y elaboramos con verdadera maestría dietas hipocalóricas, superando con paso firme de caminante incesante las tentaciones que los manjares y las viandas cazorleñas nos querían ofrecer.
En realidad, esto no fue siempre así, pero no conviene adelantar acontecimientos en los preámbulos de las historias. Porque las historias se cuentan a fuego lento, reunidos en una hoguera, o al calor de unas líneas de tinta invisible, esa que llaman digital, y que pinta los espacios en blanco de mi fiel y sufrida bitácora.
Todo empezó en una humilde morada de una calle más. Era una calle estrecha; la calle La Nubla la llamaban. Privilegiada vía céntrica sobre adoquines, el destino quiso que alli fuésemos a parar. El bello Castillo de la Yedra tuvo toda la culpa, y su torre majestuosa nos alumbró toda la semana. Las vistas desde el balcón de aquel hospedaje me hermanaron con Cazorla desde el minuto 1 de mi estancia allí. De alguna manera, fue el elemento de referencia, allá donde debíamos mirar para saber dónde nos encontrábamos realmente, aunque no he de ocultar que mis mayores satisfacciones llegaron al divisar desde muy arriba una famélica silueta que había aparecido mucho mayor horas antes. Pero estas visiones también llegaron más tarde, en una de las cuatro excursiones que disfrutamos.
Y a ellas quiero dedicar estas entradas, sobre todo. No sin antes apuntar en lo que respecta a la gastronomía de montería que es un delicioso manjar ineludible para el viajero agotado. Probar carne de gamo, de jabalí, de perdiz, así como venado o buey no es algo que uno pueda hacer todos los días, y a pesar de que mi conciencia tiene verdaderas discrepancias con mi ego opíparo, sobre lo que está bien y lo que no, esta vez ha sido cómplice del delito con premeditación y alevosía, pues prejuzgó con la atrevida ignorancia previa a la gula, las dos tablas de comida del monte que a estas horas todavía deben hervir en mi maltrecho estómago.
Agradezco al restaurante La Montería de la plaza Corredera la primera experiencia gastrónomica en estas lídes. A las manos de Leandro, aquel metrier serio y encantador de la Plaza Santa María, le debo el segundo de mis agradecimientos. Y, por qué no, mis desagradecimientos a una menuda muchacha que regentaba un negocio local de arte en el pueblo. Aun siendo consciente de que el romanticismo no dura eternamente, mi relación de amor-odio con Cazorla a partir de ahora tiene en parte que ver con aquellas formas de señoritismo en rincones puntuales del lugar. Y no me refiero a las apariencias, humildes a todas luces, sino al engañoso juego de infravalorar el criterio personal del visitante. Por tanto, no voy a juzgar de manera global, pero sí voy a expresar mi total disconformidad con las formas y maneras de comportamiento de algunos habitantes de la sierra. Y es que, como bien dijo Ramón, el hábil montaraz medio andaluz medio alicantino, en el mirador que sube a la Virgen de la Cabeza, "esa gente de abajo espera a que te vayas para clavarte el cuchillo por la espalda".
Ni uno tiene la razón ni los otros son demonios, símplemente, la idiosincracia de la sierra es así, y así es la cerrazón de los humildes hórreos de Posada de Valdeón, en los Picos de Europa, como la atrevida altanería y desdén de algunos corazones que se llaman a sí mismos "puros" en el sur de Jaen.
En fin, más allá de todo esto, es importante destacar otro elemento más de decepción antes de relatar las excursiones. Y es que, si hay un problema en la arquitectura del pueblo, o más bien en el afán grandilocuente de algunas de sus gentes, es el de querer ocupar todos y cada uno de sus adoquines con mastodontes de rueda, caucho y pintura llamados todoterrenos, que siembran el pánico a cada segundo. Si el objetivo de Cazorla es aprender a ser un pueblo hospitalario, y el de sus gentes el de convivir con el visitante, creo que sería necesario moderar algunos comportamientos, como el pasotismo de sus guías turísticos o la mala leche de sus conductores. Que no se caerá el cielo lleno de estrellas por demostrar algo de pasión en la "ayuda" a los turistas, ni el calor amainará de repente por torcer el gesto al surcar las curvas con el objetivo de terminar el rally Cazorla-Burunchel, Burunchel-Cazorla.
Por último, es importante destacar la preciosa iniciativa de un grupo de biólogos por recuperar parte del respeto a la biodiversidad de la sierra y de las costumbres locales. Son los chicos que regentan Frondosa Naturaleza y Los Molinos del Río Cerezuelo, que de manera didáctica nos enseñaron como hacían el pan en el antiguo molino de la localidad, así como el paso inferior del Río Cerezuelo debajo de la Plaza Santamaría. También, recuerdo con orgullo la pasión por su trabajo de Manu, el guía que nos habló sobre los buitres de la Sierra, sobre la labor de Félix Rodríguez de la Fuente en sus rodajes de "El hombre y la Tierra", y, en general, de la fauna y flora que te puedes encontrar por aquellos montes. Cómo no recordar también en aquella visita guiada, a nuestra amiga holandesa Jerska, que con su sosegada y humilde presencia, nos hizo ver un alma pura en Cazorla. Cuirosamente, no era local ese alma.
Y sí, creo que ya he dicho todo lo que tenía que decir de Cazorla. Un lugar pintoresco que recomiendo encarecidamente, y que me dio, nos dio a Esther y a mí, la oportunidad de descubrir los secretos de su vegetación mediterránea y sus lechos fluviales ideales para practicar rutras hindús.
Y ahora, sin más dilación, relataré nuestros caminos andados, que estas piernas jóvenes aún bien recuerdan.
La primera de nuestras visitas a monte abierto nos debía haber llevado hasta la Ermita de Monte Sión. No obstante, y después de una calurosa jornada transitando por una especie de sendero que llegaba hasta domicilios privados y feamente vallados, decidimos volver por el paso inferior del Río Cerezuelo. ¡Qué gran acierto!, pienso yo, pues el Río Cerezuelo posee una belleza que ni él propio río creo que debe conocer. El salto de agua de la Magdalena nos sirvió para recibir a la naturaleza, y en su base, descubrimos ciertas grietas que surcan la roca, grietas que uno no sabe a dónde llegarán, quizá al corazón del macizo, pero por las cuales se filtra la luz como si fuera Julio Verne en sus Viajes al Centro de la Tierra. Además, de esas rocas emana el agua y los musgos, y también los sauces llorones que atraviesan de un lado a otro, dejando en anécdotas las escaleras de madera que conectan un vado del río con su gemelo. Para rematar esta excursión, las cabras del pastor Ángel y su mágica compañía nos retrasaron la vuelta hasta el ocaso, en un par de horas de amena conversacion con un personaje inovlidable. Si algún día nuestro amigo lee estas líneas, que sepa que estamos eternamente agradecidos con su persona por el buen corazón que demostró tener, cuando intentó facilitarnos una excursión guiada con un amigo suyo hacia la Cerrada de Elías, cuando no tenía ningún compromiso. Esa llamada a mí, personalmente, me demostró que aún quedan buenas personas, y que uno nunca puede dejar de sorprenderse con la bondad del ser humano. Un fuerte abrazo para ese corazón puro, Ángel, un cabrero y guarda forestal de primer nivel.
El segundo de nuestros trayectos nos condujo por los bosques hacia La Iruela, por la senda forestal que remataba en la Virgen de la Cabeza. Este antiguo santuario fue hace tiempo lugar de peregrinación para los fieles del pueblo, pero hoy en día se ha convertido en un lugar de botellón. Es una pena, para un sitio que mantiene un magnetismo cautivador, con una cruz negra que corona lo alto y desde donde se otea, aún más arriba, la escarpada montaña gris que por allí se puede empezar a hollar. Como ya comenté, fue aquí donde encontramos a ese joven e inocente aldeano llamado Ramón, también un ser destacable, que en su parada de footing nos contó su vida con pelos y señales. Espero que su madre se recuperara y que sus sueños de volver por los pueblos de Alicante también se hicieran realidad. Un buen chaval aquel Ramón.
A mitad de semana, entre los calores asfixiantes y el horizonte de tener que abandonar Cazorla sin poder visitar todo lo que nos hubiera gustado, nos levantamos un buen míercoles a las siete de la mañana, y a las ocho la crema solar ya nos acompañaba hacia la ermita de Monte Sión. A priori, llegar hasta el Chorro, un lugar cercano al nacimiento del Río Guadalquivir, nos hubiera bastado para completar una jornada cercana a los 30 kilómetros. Pero las piernas nos pidieron más, y de no haber sido por el buen juicio de Esther, este que aquí relata la ruta de 37 km., quizá seguiría lleno de llagas en los muslos y recordando la hazaña de los 50 kilómetros. Menos mal que no fue así, y que, en la medida de lo posible, disfrutamos hasta el final de una jornada mágica. Como suelen decir, al mal tiempo, buena cara. Y es que cuando las fuerzas desfallecen, es cuando hay que sacarlas incluso de más adentro. Y eso hicimos. En la bajada de vuelta, después de una maratoniana jornada en la que comprobamos la sequedad de la Sierra, vimos buitres, pisadas de jabalí, etc., nuestras almas más ligeras y nuestro espíritu más cansado, nos hizo completar la etapa más dura de toda la semana con alegría intacta y la ilusión de volver para contarlo. Fue un reto personal, he de reconocerlo. Como los cazorleños nos veían pinta de turistas fondones, no pensaron que la Esther y el Sancho fueran a ser capaces de dar la vuelta por la Torre de las Cinco Esquinas, seguir hasta el Chorro en dirección opuesta al Gilillo, llegar al Chorro, dejarlo atrás, seguir 5 km más, y luego volver por la zona de La Iruela hasta llegar a casa sobre las 7 de la tarde.
Pero sí, lo hicimos, y el homenaje fue grande con la cena en el restaurante de Leandro. Fue nuestro particular trofeo.
Al día siguiente las fuerzas no acompañaban, pero si mal no recuerdo, el Río Borosa fue nuestro último amigo de la naturaleza. En esas frías aguas nos despedimos de la Sierra Cazorla, y la noche se nos echó cerrada en la Cerrada de Elías. La linterna nos condujo finalmente a casa, sin saber muy bien si el rally por Burunchel nos podía marear más que la sensación de paz y armonía con la naturaleza en aquellas aguas heladas del Río Borosa.
Y fue así como pasamos una semana juntos en Cazorla. Para mí, inolvidable, y aquí dejo mi sello de lo que a mi memoria aparece varios meses después.Un recuerdo eterno pero con asterísco en forma de ruta: Gilillo.
Un guiño a la palabra más pronunciada en la semana de calor por las sierras andaluzas. A partir de ahora, ir a Gilillo o a Burunchel, adquiere en mi vida un tono pintoresco que no quiero que se me borre en mi memoria nunca.
Me dispongo a pasar una semana visitando lo que la naturaleza quiera mostrame. Junto a mi gran amiga Esther, compañera infatigable en esta particular aventura, aproveché de manera magnífica 7 días y 7 noches en el julio más canino y caluroso que recuerdo haber pasado en mi vida. Pero el temido calor andaluz no es algo demasiado diferente de lo que sucede en Castilla. Abrigados por la sierra, la particular sequedad en el ambiente, donde muy pocas veces se alcanza más del 50% de humedad, me recuerda a mi tierra, y de alguna manera no me hace perder la orientación completamente en el nuevo paraje. El clima me es familiar, pues vivir a 800 metros puede ser muy duro por las grandes oscilaciones de temperatura. Diferentes como el día y la noche, suelen decir. En Cazorla tan solo tuve que adaptarme entre 5 y 10 grados. Mi cuerpo se rehizo perfectamente a las circunstancias, lo cual me hizo disfrutar más aún de todo lo vivido. Mis temores a vivir a más de 40º se esfumaron, y como siempre dijo aquel viejo refrán, "Con agosto, agostizo, se arruga la bota y se hispe el botijo".
Efectivamente, en nuestras caminatas interminables por el parque natural, además del sol, fiel compañero y perseverante durante las eternas horas del estío, el agua fresca de la nevera alivió y calmó la sed, tan oportuna como avisadora, tan sabia como cruel, en definitiva, juez y parte del respeto por la montaña. Y es que el miedo a una pájara fue mi mayor obsesión durante las excursiones siempre a pie.
Por suerte, supimos administrar a la perfección nuestros recursos hídricos y elaboramos con verdadera maestría dietas hipocalóricas, superando con paso firme de caminante incesante las tentaciones que los manjares y las viandas cazorleñas nos querían ofrecer.
En realidad, esto no fue siempre así, pero no conviene adelantar acontecimientos en los preámbulos de las historias. Porque las historias se cuentan a fuego lento, reunidos en una hoguera, o al calor de unas líneas de tinta invisible, esa que llaman digital, y que pinta los espacios en blanco de mi fiel y sufrida bitácora.
Todo empezó en una humilde morada de una calle más. Era una calle estrecha; la calle La Nubla la llamaban. Privilegiada vía céntrica sobre adoquines, el destino quiso que alli fuésemos a parar. El bello Castillo de la Yedra tuvo toda la culpa, y su torre majestuosa nos alumbró toda la semana. Las vistas desde el balcón de aquel hospedaje me hermanaron con Cazorla desde el minuto 1 de mi estancia allí. De alguna manera, fue el elemento de referencia, allá donde debíamos mirar para saber dónde nos encontrábamos realmente, aunque no he de ocultar que mis mayores satisfacciones llegaron al divisar desde muy arriba una famélica silueta que había aparecido mucho mayor horas antes. Pero estas visiones también llegaron más tarde, en una de las cuatro excursiones que disfrutamos.
Y a ellas quiero dedicar estas entradas, sobre todo. No sin antes apuntar en lo que respecta a la gastronomía de montería que es un delicioso manjar ineludible para el viajero agotado. Probar carne de gamo, de jabalí, de perdiz, así como venado o buey no es algo que uno pueda hacer todos los días, y a pesar de que mi conciencia tiene verdaderas discrepancias con mi ego opíparo, sobre lo que está bien y lo que no, esta vez ha sido cómplice del delito con premeditación y alevosía, pues prejuzgó con la atrevida ignorancia previa a la gula, las dos tablas de comida del monte que a estas horas todavía deben hervir en mi maltrecho estómago.
Agradezco al restaurante La Montería de la plaza Corredera la primera experiencia gastrónomica en estas lídes. A las manos de Leandro, aquel metrier serio y encantador de la Plaza Santa María, le debo el segundo de mis agradecimientos. Y, por qué no, mis desagradecimientos a una menuda muchacha que regentaba un negocio local de arte en el pueblo. Aun siendo consciente de que el romanticismo no dura eternamente, mi relación de amor-odio con Cazorla a partir de ahora tiene en parte que ver con aquellas formas de señoritismo en rincones puntuales del lugar. Y no me refiero a las apariencias, humildes a todas luces, sino al engañoso juego de infravalorar el criterio personal del visitante. Por tanto, no voy a juzgar de manera global, pero sí voy a expresar mi total disconformidad con las formas y maneras de comportamiento de algunos habitantes de la sierra. Y es que, como bien dijo Ramón, el hábil montaraz medio andaluz medio alicantino, en el mirador que sube a la Virgen de la Cabeza, "esa gente de abajo espera a que te vayas para clavarte el cuchillo por la espalda".
Ni uno tiene la razón ni los otros son demonios, símplemente, la idiosincracia de la sierra es así, y así es la cerrazón de los humildes hórreos de Posada de Valdeón, en los Picos de Europa, como la atrevida altanería y desdén de algunos corazones que se llaman a sí mismos "puros" en el sur de Jaen.
En fin, más allá de todo esto, es importante destacar otro elemento más de decepción antes de relatar las excursiones. Y es que, si hay un problema en la arquitectura del pueblo, o más bien en el afán grandilocuente de algunas de sus gentes, es el de querer ocupar todos y cada uno de sus adoquines con mastodontes de rueda, caucho y pintura llamados todoterrenos, que siembran el pánico a cada segundo. Si el objetivo de Cazorla es aprender a ser un pueblo hospitalario, y el de sus gentes el de convivir con el visitante, creo que sería necesario moderar algunos comportamientos, como el pasotismo de sus guías turísticos o la mala leche de sus conductores. Que no se caerá el cielo lleno de estrellas por demostrar algo de pasión en la "ayuda" a los turistas, ni el calor amainará de repente por torcer el gesto al surcar las curvas con el objetivo de terminar el rally Cazorla-Burunchel, Burunchel-Cazorla.
Por último, es importante destacar la preciosa iniciativa de un grupo de biólogos por recuperar parte del respeto a la biodiversidad de la sierra y de las costumbres locales. Son los chicos que regentan Frondosa Naturaleza y Los Molinos del Río Cerezuelo, que de manera didáctica nos enseñaron como hacían el pan en el antiguo molino de la localidad, así como el paso inferior del Río Cerezuelo debajo de la Plaza Santamaría. También, recuerdo con orgullo la pasión por su trabajo de Manu, el guía que nos habló sobre los buitres de la Sierra, sobre la labor de Félix Rodríguez de la Fuente en sus rodajes de "El hombre y la Tierra", y, en general, de la fauna y flora que te puedes encontrar por aquellos montes. Cómo no recordar también en aquella visita guiada, a nuestra amiga holandesa Jerska, que con su sosegada y humilde presencia, nos hizo ver un alma pura en Cazorla. Cuirosamente, no era local ese alma.
Y sí, creo que ya he dicho todo lo que tenía que decir de Cazorla. Un lugar pintoresco que recomiendo encarecidamente, y que me dio, nos dio a Esther y a mí, la oportunidad de descubrir los secretos de su vegetación mediterránea y sus lechos fluviales ideales para practicar rutras hindús.
Y ahora, sin más dilación, relataré nuestros caminos andados, que estas piernas jóvenes aún bien recuerdan.
La primera de nuestras visitas a monte abierto nos debía haber llevado hasta la Ermita de Monte Sión. No obstante, y después de una calurosa jornada transitando por una especie de sendero que llegaba hasta domicilios privados y feamente vallados, decidimos volver por el paso inferior del Río Cerezuelo. ¡Qué gran acierto!, pienso yo, pues el Río Cerezuelo posee una belleza que ni él propio río creo que debe conocer. El salto de agua de la Magdalena nos sirvió para recibir a la naturaleza, y en su base, descubrimos ciertas grietas que surcan la roca, grietas que uno no sabe a dónde llegarán, quizá al corazón del macizo, pero por las cuales se filtra la luz como si fuera Julio Verne en sus Viajes al Centro de la Tierra. Además, de esas rocas emana el agua y los musgos, y también los sauces llorones que atraviesan de un lado a otro, dejando en anécdotas las escaleras de madera que conectan un vado del río con su gemelo. Para rematar esta excursión, las cabras del pastor Ángel y su mágica compañía nos retrasaron la vuelta hasta el ocaso, en un par de horas de amena conversacion con un personaje inovlidable. Si algún día nuestro amigo lee estas líneas, que sepa que estamos eternamente agradecidos con su persona por el buen corazón que demostró tener, cuando intentó facilitarnos una excursión guiada con un amigo suyo hacia la Cerrada de Elías, cuando no tenía ningún compromiso. Esa llamada a mí, personalmente, me demostró que aún quedan buenas personas, y que uno nunca puede dejar de sorprenderse con la bondad del ser humano. Un fuerte abrazo para ese corazón puro, Ángel, un cabrero y guarda forestal de primer nivel.
El segundo de nuestros trayectos nos condujo por los bosques hacia La Iruela, por la senda forestal que remataba en la Virgen de la Cabeza. Este antiguo santuario fue hace tiempo lugar de peregrinación para los fieles del pueblo, pero hoy en día se ha convertido en un lugar de botellón. Es una pena, para un sitio que mantiene un magnetismo cautivador, con una cruz negra que corona lo alto y desde donde se otea, aún más arriba, la escarpada montaña gris que por allí se puede empezar a hollar. Como ya comenté, fue aquí donde encontramos a ese joven e inocente aldeano llamado Ramón, también un ser destacable, que en su parada de footing nos contó su vida con pelos y señales. Espero que su madre se recuperara y que sus sueños de volver por los pueblos de Alicante también se hicieran realidad. Un buen chaval aquel Ramón.
A mitad de semana, entre los calores asfixiantes y el horizonte de tener que abandonar Cazorla sin poder visitar todo lo que nos hubiera gustado, nos levantamos un buen míercoles a las siete de la mañana, y a las ocho la crema solar ya nos acompañaba hacia la ermita de Monte Sión. A priori, llegar hasta el Chorro, un lugar cercano al nacimiento del Río Guadalquivir, nos hubiera bastado para completar una jornada cercana a los 30 kilómetros. Pero las piernas nos pidieron más, y de no haber sido por el buen juicio de Esther, este que aquí relata la ruta de 37 km., quizá seguiría lleno de llagas en los muslos y recordando la hazaña de los 50 kilómetros. Menos mal que no fue así, y que, en la medida de lo posible, disfrutamos hasta el final de una jornada mágica. Como suelen decir, al mal tiempo, buena cara. Y es que cuando las fuerzas desfallecen, es cuando hay que sacarlas incluso de más adentro. Y eso hicimos. En la bajada de vuelta, después de una maratoniana jornada en la que comprobamos la sequedad de la Sierra, vimos buitres, pisadas de jabalí, etc., nuestras almas más ligeras y nuestro espíritu más cansado, nos hizo completar la etapa más dura de toda la semana con alegría intacta y la ilusión de volver para contarlo. Fue un reto personal, he de reconocerlo. Como los cazorleños nos veían pinta de turistas fondones, no pensaron que la Esther y el Sancho fueran a ser capaces de dar la vuelta por la Torre de las Cinco Esquinas, seguir hasta el Chorro en dirección opuesta al Gilillo, llegar al Chorro, dejarlo atrás, seguir 5 km más, y luego volver por la zona de La Iruela hasta llegar a casa sobre las 7 de la tarde.
Pero sí, lo hicimos, y el homenaje fue grande con la cena en el restaurante de Leandro. Fue nuestro particular trofeo.
Al día siguiente las fuerzas no acompañaban, pero si mal no recuerdo, el Río Borosa fue nuestro último amigo de la naturaleza. En esas frías aguas nos despedimos de la Sierra Cazorla, y la noche se nos echó cerrada en la Cerrada de Elías. La linterna nos condujo finalmente a casa, sin saber muy bien si el rally por Burunchel nos podía marear más que la sensación de paz y armonía con la naturaleza en aquellas aguas heladas del Río Borosa.
Y fue así como pasamos una semana juntos en Cazorla. Para mí, inolvidable, y aquí dejo mi sello de lo que a mi memoria aparece varios meses después.Un recuerdo eterno pero con asterísco en forma de ruta: Gilillo.
Un guiño a la palabra más pronunciada en la semana de calor por las sierras andaluzas. A partir de ahora, ir a Gilillo o a Burunchel, adquiere en mi vida un tono pintoresco que no quiero que se me borre en mi memoria nunca.
viernes, 13 de julio de 2012
Indignado no, perplejo...
Me da lástima, porque parecía imposible volver a generar una tensión social tan alta en un mundo teóricamente desarrollado, pero hoy la situación es límite, y solo es el primer grado de la pobreza a la que nos enfrentamos, que tendrá hasta tres o cuatro escalones más duros por delante. Nadie se engaña, nos vamos a pique. Todo lo que se había conseguido hasta hace cuatro días se viene abajo y esto no hay quien lo pare. Enmedio de todo, unos personajes que se supone que nos representan, se dedican a insultarnos en el parlamanento. Es el colmo de la sinrazón humana, cobrando por no hacer nada, insultan a sus propios conciudadanos que les han puesto ahí por sus votos, que les asignan una paga vitalicia y además los humillan e insultan con recortes y frases como ¡Qué se jodan! que ha pronunciado la hija (de puta, lo pongo entre paréntesis porque le va implícito en el apellido) Andrea Fabra. Ante tal desesperación, con gente robando en los supermercados, hurgando en los contenedores o haciendo ya cualquier cosa para poder comer, que una tiparraca así encima se regodee desde su posición privilegiada y te humille de esta forma, ya me diréis que no es para ir adonde esté, arrebatarla su sillón de privilegios y abandonarla a su suerte enmedio del Sáhara... qué se joda!!
Cuando piensas que ya nada te puede sorprender, pues sí, cada día uno aprende cosas nueva de estos hijos de puta que no sé de dónde habrán salido. Yo no sé en qué casa enseñan a ser tan poco considerados con lo ajeno, porque es lo que son ellos, amigos de lo ajeno, ladrones legitimados, nada más. En mi casa me enseñaron a no robar, a no mentir, a no ser un chorizo y un criminal, a tener respeto por los demás y trabajar dignamente. A estos no sé qué les enseñaron, pero vergüenza les tendría que dar.
Como no la tienen, acabarán sus días como los señoritos terratenientes en el zarismo ruso del 17: colgados de algún árbol o fusilados. Ahora que están las protestas de los mineros, me encantaría verlos a esos malnacidos picando carbón 15 horas al día, y después ser despedidos e irse al paro. Me encantaría ver a Rajoy y a sus secuaces escuchando que han vivido por encima de sus posiblidades, que nos han estafado y nos han robado a todos, que son la peor calaña que puede haber, me encantaría poder decirles eso mientras ellos tuvieran que revolver en la basura o robar en los supermercados porque nadie les quisiera dar un trabajo. Sería el mundo justo, que esos desalmados estuvieran incapacitados para seguir viviendo a costa de esta sociedad. No tienen vergüenza ni la han conocido. Son una banda de sicópatas sin escrúpulos y lo demuestran cada día.
---------------------------------------------------------------------------------------------------------------
Esta noche no me puedo dormir, me siento tan enrrabietado, me siento tan impotente ante todo, siento que quiero hacer algo con mi vida, pero mi vida me lo impide. Siento que quiero luchar, pero a mi alrededor solo hay conformismo y cánones del pasado. Al menos, yo sé que me estoy ganando todos los días con el sudor de mi frente un plato de comida o dos, por lo menos. Tengo la conciencia tranquila conmigo mismo, cosa que no puede tener la señorita Fabra ahora mismo. Si ante la bajada de las prestaciones a los desempleados grita un eufórico ¡Qué se jodan! eso significa que tiene pensamientos nazis y que quiere que la gente pobre sufra aún más. Se me ocurren muchos métodos de tortura para esta caricatura de persona, pero creo que si finalmente nos hace despertar a todos, que ya se va viendo que los que no confiaban en los indignados se van indignando a marchas forzadas, si eso se produce y de verdad desencadena en lucha social contra el sistema, bienvenida sea la frasecita. Desde luego, esto es injustificable se mire por donde se mire. Espero que esta señora no vuelva a cobrar un euro público más por su lamentable actuación. Nadie que odie a su pueblo debería vivir de él. Un político debería ser una persona con una cierta filantropía, un amor a sus vecinos, a sus compatriotas, un sentido del honor y del respeto hacia las personas, un ánimo de mejorar la sociedad; pero hoy en día es todo lo contrario. Cuantas menos características de las anteriores cumplas, y cuantos menos escrúpulos tengas, más lejos llegarás, no solo como político, sino en la vida en general.
El ser humano ha entrado en su degeneración máxima, en la etapa de autodestrucción. Como ser humano coetaneo de esta mísera sociedad, solo puedo observar perplejo a mi alrededor en qué nos ha convertido el sistema capitalista. Solo veo miseria y desgracia, pero a la vez, solo veo apariencias y sonrisas falsas de medio lado que ocultan la realidad. Y la realidad es que estamos todos jodidos, que el capitalismo ha hundido al ser humano, nos ha cercenado el futuro y el progreso, y parece que ya no te deja ni autorrealizarte para completarte como persona. El capitalismo nos ha borrado del mapa, y no parece surgir el humanismo por ninguna parte.
Dónde estáis renacentistas
Dónde estáis humanistas
Dónde estáis los que amáis al ser humano
Dónde están vuestros corazones?
Todavía late el mío
En un mundo cada día más podrido
Todavía late lento
Quieren que se pudra no muy viejo
Yo creía en un mundo feliz
Yo veía caras alegres
Yo pensaba que también me tocaría a mí
Pero ahora solo soy uno más
De una generación perdida sin futuro
Realidad atronadora y aterradora
Ya has llamado a mi puerta
Te abro y ahora no te vayas
Saldremos a la batalla
Estad tranquilos ilusos mercados
La gente pasa hambre
Y a vosotros no os quedan muchos días
Pero el caldo de cultivo muerde
Y eso no lo saben vuestras primas de riesgo
Vuestras injusticias del día a día
Ánimo ser humano,
Tú que me enseñaste a amarme y a amar la belleza,
Tú que me enseñaste a amar la naturaleza y lo natural,
Tú que me enseñaste a amar la armonía,
Yo te amo ser humano,
Lucharemos juntos codo a codo,
Lucharemos pronto,
Lucharemos!!
Cuando piensas que ya nada te puede sorprender, pues sí, cada día uno aprende cosas nueva de estos hijos de puta que no sé de dónde habrán salido. Yo no sé en qué casa enseñan a ser tan poco considerados con lo ajeno, porque es lo que son ellos, amigos de lo ajeno, ladrones legitimados, nada más. En mi casa me enseñaron a no robar, a no mentir, a no ser un chorizo y un criminal, a tener respeto por los demás y trabajar dignamente. A estos no sé qué les enseñaron, pero vergüenza les tendría que dar.
Como no la tienen, acabarán sus días como los señoritos terratenientes en el zarismo ruso del 17: colgados de algún árbol o fusilados. Ahora que están las protestas de los mineros, me encantaría verlos a esos malnacidos picando carbón 15 horas al día, y después ser despedidos e irse al paro. Me encantaría ver a Rajoy y a sus secuaces escuchando que han vivido por encima de sus posiblidades, que nos han estafado y nos han robado a todos, que son la peor calaña que puede haber, me encantaría poder decirles eso mientras ellos tuvieran que revolver en la basura o robar en los supermercados porque nadie les quisiera dar un trabajo. Sería el mundo justo, que esos desalmados estuvieran incapacitados para seguir viviendo a costa de esta sociedad. No tienen vergüenza ni la han conocido. Son una banda de sicópatas sin escrúpulos y lo demuestran cada día.
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Esta noche no me puedo dormir, me siento tan enrrabietado, me siento tan impotente ante todo, siento que quiero hacer algo con mi vida, pero mi vida me lo impide. Siento que quiero luchar, pero a mi alrededor solo hay conformismo y cánones del pasado. Al menos, yo sé que me estoy ganando todos los días con el sudor de mi frente un plato de comida o dos, por lo menos. Tengo la conciencia tranquila conmigo mismo, cosa que no puede tener la señorita Fabra ahora mismo. Si ante la bajada de las prestaciones a los desempleados grita un eufórico ¡Qué se jodan! eso significa que tiene pensamientos nazis y que quiere que la gente pobre sufra aún más. Se me ocurren muchos métodos de tortura para esta caricatura de persona, pero creo que si finalmente nos hace despertar a todos, que ya se va viendo que los que no confiaban en los indignados se van indignando a marchas forzadas, si eso se produce y de verdad desencadena en lucha social contra el sistema, bienvenida sea la frasecita. Desde luego, esto es injustificable se mire por donde se mire. Espero que esta señora no vuelva a cobrar un euro público más por su lamentable actuación. Nadie que odie a su pueblo debería vivir de él. Un político debería ser una persona con una cierta filantropía, un amor a sus vecinos, a sus compatriotas, un sentido del honor y del respeto hacia las personas, un ánimo de mejorar la sociedad; pero hoy en día es todo lo contrario. Cuantas menos características de las anteriores cumplas, y cuantos menos escrúpulos tengas, más lejos llegarás, no solo como político, sino en la vida en general.
El ser humano ha entrado en su degeneración máxima, en la etapa de autodestrucción. Como ser humano coetaneo de esta mísera sociedad, solo puedo observar perplejo a mi alrededor en qué nos ha convertido el sistema capitalista. Solo veo miseria y desgracia, pero a la vez, solo veo apariencias y sonrisas falsas de medio lado que ocultan la realidad. Y la realidad es que estamos todos jodidos, que el capitalismo ha hundido al ser humano, nos ha cercenado el futuro y el progreso, y parece que ya no te deja ni autorrealizarte para completarte como persona. El capitalismo nos ha borrado del mapa, y no parece surgir el humanismo por ninguna parte.
Dónde estáis renacentistas
Dónde estáis humanistas
Dónde estáis los que amáis al ser humano
Dónde están vuestros corazones?
Todavía late el mío
En un mundo cada día más podrido
Todavía late lento
Quieren que se pudra no muy viejo
Yo creía en un mundo feliz
Yo veía caras alegres
Yo pensaba que también me tocaría a mí
Pero ahora solo soy uno más
De una generación perdida sin futuro
Realidad atronadora y aterradora
Ya has llamado a mi puerta
Te abro y ahora no te vayas
Saldremos a la batalla
Estad tranquilos ilusos mercados
La gente pasa hambre
Y a vosotros no os quedan muchos días
Pero el caldo de cultivo muerde
Y eso no lo saben vuestras primas de riesgo
Vuestras injusticias del día a día
Ánimo ser humano,
Tú que me enseñaste a amarme y a amar la belleza,
Tú que me enseñaste a amar la naturaleza y lo natural,
Tú que me enseñaste a amar la armonía,
Yo te amo ser humano,
Lucharemos juntos codo a codo,
Lucharemos pronto,
Lucharemos!!
martes, 15 de mayo de 2012
Instituciones Griegas
Una reflexión que me chocó muchísimo hace dos o tres años en una clase de la Universidad fue la que hizo una profesora mía. Era una asignatura de libre configuración llamada Instituciones Griegas, que dábamos de tres a cuatro de la tarde, y sólo estábamos apuntados cuatro o cinco personas. Allí nos reuníamos a hablar de la Ilíada, de los 20 tantos cantos de aquella obra, que si se piensa bien, era una especie de biblia de los dioses en aquella civilización (es decir, la misma comida de olla de la biblia pero en versión griega), pero también hablábamos de la fundación de la democracia de Solón, de la Atenas de Pericles, de las guerras entre Atenas y Esparta, del sistema de organización de aquella sociedad, etc.
Y a veces hacíamos debates donde cada uno tenía que defender una postura documentándose sobre el tema, sobre si creíamos que realmente existió Herodoto como cronista oficial de aquella época, sobre si Homero escribió la Ilíada o realmente eran una serie de escritores... y un día salió la pregunta. Elena, creo que se llamaba la profesora, nos explicó que la fundación del Estado moderno tuvo lugar en Grecia, en aquellos días que se fundaba la democracia. Y nos preguntó a todos que cuál era la función del Estado, que qué pensábamos sobre el estado, qué función principal tenía, para qué servía.
Todos nos quedamos mirándonos unos a otros, como pensativos... Y empezamos a hablar.
-Hombre, pues el Estado... su función principal es armonizar la convivencia de las personas, organizar las instituciones, proveer la educación, sanidad y otros servicios a la gente...
La profesora nos miró, totalmente con los ojos abiertos, como si de verdad no se pudiera creer nuestra nula inteligencia, nuestro nulo análisis de la realidad, y eso que entre los allí presentes, había un arqueólogo que estaba cursando su segunda carrera en artes clásicas, y dos o tres periodistas que se supone que debíamos tener una voz más crítica de la realidad. Ninguno habíamos dado una respuesta coherente, sin embargo.
-No -nos dijo-. La función principal del estado es la represión. Es el ente que sirve para reprimir a la gente, para coartarla de que cometa los delitos, para prevenir que se creen delincuentes en las calles, para que no tiren el propio estado abajo. Y para ello, efectivamente, viste con ciertos servicios a sus ciudadanos para conseguir su principal cometido: mantener el status quo, y a la vez siembra el miedo en las calles con la policía, que es su aparato de control básico.
Hubo silencio. No lo habíamos pensado, y creo que todos estábamos bastante decepcionados con nuestras previsiones idealistas del estado.
La realidad era la que nos estaba contando Elena, y la realidad es lo que estamos viendo hoy. Pienso mucho en aquellas clases. No había nota media, nadie nos jugábamos nada. Eran créditos obligatorios, pero por decirlo de alguna manera, la palabra créditos "libres" denotaba que la gente no se lo tomaba demasiado en serio. Hoy, sin embargo, puedo decir que aquella clase me enseñó y me demostró muchísimas más cosas que casi el resto de la carrera.
En ocasiones se tiende a idealizar aquella sociedad que nació en Atenas, porque quizá nos lo han contado como les ha interesado, pero realmente en Grecia inculcaron el virus del hoy en día, ese que no permite levantar la voz contra el sistema que supuestamente nos protege. Los hermanos Wachowski también nos lo explicaron a su modo en la trilogía de Matrix.
Hoy somos corderos pacifistas criados por el Estado, que por otra parte ha criado en tiempo real y de manera simultanea a los agentes Smith (metafóricamente) que controlan el sistema y son los propios cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, y que además son los únicos "ciudadanos" legitimados para usar la violencia dentro del Sistema.
Paz, amor, buen rollo, clases de valores... sí, en el colegio había clases de valores los viernes por la tarde (por supuesto, los valores que a ellos les interesaban: sé bueno, pórtate bien, ayuda a cruzar la calle a las abuelitas...), y luego la catequesis de la iglesia, que para los que tuvimos que sufrirla nos intentaba lavar el cerebro de manera acojonante, etc. Eran todo pantomimas y mentiras del Estado para crear ciudadanos pacíficos y que no echáramos abajo el propio sistema. Como he escuchado recientemente, nos educaron para ser ciudadanos ejemplares, en lugar de prepararnos para luchar contra las injusticias. Lógicamente, no les interesaba para nada el segundo punto...
Hoy solo nos queda cambiar nuestros preceptos que nos han enseñado desde pequeños, olvidarnos de todo el maquillaje adulador e idealista que nos vendió el Estado como imagen propia de sí mismo, pero que era mentira en realidad. Era como el cuento de Blancanieves. Espejito espejito, quien es el Estado más bonito de todo el Reino? Y nosotros contestábamos: Usted, Estado, Usted... Nos tenemos que olvidar de todo esto y entender que la única función del Estado era la que me decía Elena aquella tarde, es decir, inculcar el miedo a la gente y coartarla para que no cometa delitos y ponga en peligro la propia integridad del status quo existente. Además, tampoco quieren que pensemos por nosotros mismos, y de la libertad individual como ciudadanos libres... de eso ya ni hablamos.
Y con todas esas herramientas que el Estado pone a su servicio: medios de comunicación, enseñanza pública manipuladora, fuerzas de seguridad, televisión atontonadora, etc etc. debemos volcarles todo eso en su contra y empezar a organizarnos un poco al margen y no creernos todas sus mentiras. En Grecia ya están empezando a usar monedas alternativas al euro en mercados locales que albergan a pequeños núcleos de población. Usan monedas para dar un valor justo a los bienes materiales, que se obtienen en el entorno local a través de cooperativismo y algunas prácticas de trueque, y están empezando a conseguir colaborar entre ellos al margen del Estado. El Estado no es el salvador, sino el opresor, el verdadero enemigo. Se acabó el engaño, y todo parte de que todos nos concienciemos de que el sistema no evoluciona garantizando el bienestar y progreso de los ciudadanos, sino garantizando su propio bienestar y su propio progreso y estabilidad.
Conclusión: Yo ya no me creo nada de lo que me intentaron meter en el bolo, y me siento totalmente engañado y estafado por esta mierda de Estado. ¿Y qué puedo proponer yo desde aquí, desde mi humilde rincón? Pues sigo proponiendo lo que vengo diciendo recientemente. La solución pasa por organizarnos en pequeños sindicatos del crimen y derrocar silenciosamente las vidas de aquellos que gobiernan desde el engaño. En realidad, ETA, si no fuera porque ha ido matando civiles por ahí, sería un modo de organización soberbio para acabar con toda esta farsa.
Esa sería la solución violenta, pero también habría una solución silenciosa y más inteligente, que pasaría por cambiar todas nuestras ideas, olvidarnos de lo que el Estado quiere de nosotros y organizarnos a nosotros mismos en pequeños gobiernos autogestionados por nosotros mismos. Eso sería posible con la colaboración colectiva. El sistema siempre fomentó el éxito individual, y todo solo se podía conseguir con el mérito individual. El sistema critica e intenta ridiculizar a la Comuna de París del Siglo XIX, a los cantones republicanos de la Primera República Española, a la comunidad hippy que logra susbsistir pacifica y prósperamente en la Alpujarra granadinaes hoy en día. Es decir, ridiculiza el éxito colectivo para ensalzar el éxito individual en el cual nos atrapa como a ratones indefensos.
Eso es mentira, esa es la mentalidad que ha arruinado todo. Por eso, hoy es fundamental que estrechemos lazos entre todos y nos ayudemos unos a otros y colaboremos juntos. No obstante, la justicia social es la justicia social, y efectivamente, ha habido muchos seres humanos que han violado nuestros derechos por encima de sus posibilidades. El sistema nos dijo... hay que perdonar, no tener rencor, etc. Ok, perdonamos, pero así como ellos han arruinado la vida de tantas personas, creo que sería de justicia que algunos de ellos también cayeran en la miseria o probaran la furia de un pueblo enfurecido contra ellos. Yo no soy una persona rencorosa, pero qué hostias, esta gentuza se merece sufrir, porque yo como ser humano jamás habría ordenado cometer los delitos contra la humanidad que ellos están cometiendo y ordenando. Así que ahora les toca pagar, y después, nosotros ya nos organizaremos por nosotros mismos, o viceversa. Lo importante es que se haga justicia y como se dice en mi pueblo, 'a cada cerdo le llega su San Martín'. Punto y final.
Cuanta razón tenía mi profesora...
Y a veces hacíamos debates donde cada uno tenía que defender una postura documentándose sobre el tema, sobre si creíamos que realmente existió Herodoto como cronista oficial de aquella época, sobre si Homero escribió la Ilíada o realmente eran una serie de escritores... y un día salió la pregunta. Elena, creo que se llamaba la profesora, nos explicó que la fundación del Estado moderno tuvo lugar en Grecia, en aquellos días que se fundaba la democracia. Y nos preguntó a todos que cuál era la función del Estado, que qué pensábamos sobre el estado, qué función principal tenía, para qué servía.
Todos nos quedamos mirándonos unos a otros, como pensativos... Y empezamos a hablar.
-Hombre, pues el Estado... su función principal es armonizar la convivencia de las personas, organizar las instituciones, proveer la educación, sanidad y otros servicios a la gente...
La profesora nos miró, totalmente con los ojos abiertos, como si de verdad no se pudiera creer nuestra nula inteligencia, nuestro nulo análisis de la realidad, y eso que entre los allí presentes, había un arqueólogo que estaba cursando su segunda carrera en artes clásicas, y dos o tres periodistas que se supone que debíamos tener una voz más crítica de la realidad. Ninguno habíamos dado una respuesta coherente, sin embargo.
-No -nos dijo-. La función principal del estado es la represión. Es el ente que sirve para reprimir a la gente, para coartarla de que cometa los delitos, para prevenir que se creen delincuentes en las calles, para que no tiren el propio estado abajo. Y para ello, efectivamente, viste con ciertos servicios a sus ciudadanos para conseguir su principal cometido: mantener el status quo, y a la vez siembra el miedo en las calles con la policía, que es su aparato de control básico.
Hubo silencio. No lo habíamos pensado, y creo que todos estábamos bastante decepcionados con nuestras previsiones idealistas del estado.
La realidad era la que nos estaba contando Elena, y la realidad es lo que estamos viendo hoy. Pienso mucho en aquellas clases. No había nota media, nadie nos jugábamos nada. Eran créditos obligatorios, pero por decirlo de alguna manera, la palabra créditos "libres" denotaba que la gente no se lo tomaba demasiado en serio. Hoy, sin embargo, puedo decir que aquella clase me enseñó y me demostró muchísimas más cosas que casi el resto de la carrera.
En ocasiones se tiende a idealizar aquella sociedad que nació en Atenas, porque quizá nos lo han contado como les ha interesado, pero realmente en Grecia inculcaron el virus del hoy en día, ese que no permite levantar la voz contra el sistema que supuestamente nos protege. Los hermanos Wachowski también nos lo explicaron a su modo en la trilogía de Matrix.
Hoy somos corderos pacifistas criados por el Estado, que por otra parte ha criado en tiempo real y de manera simultanea a los agentes Smith (metafóricamente) que controlan el sistema y son los propios cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, y que además son los únicos "ciudadanos" legitimados para usar la violencia dentro del Sistema.
Paz, amor, buen rollo, clases de valores... sí, en el colegio había clases de valores los viernes por la tarde (por supuesto, los valores que a ellos les interesaban: sé bueno, pórtate bien, ayuda a cruzar la calle a las abuelitas...), y luego la catequesis de la iglesia, que para los que tuvimos que sufrirla nos intentaba lavar el cerebro de manera acojonante, etc. Eran todo pantomimas y mentiras del Estado para crear ciudadanos pacíficos y que no echáramos abajo el propio sistema. Como he escuchado recientemente, nos educaron para ser ciudadanos ejemplares, en lugar de prepararnos para luchar contra las injusticias. Lógicamente, no les interesaba para nada el segundo punto...
Hoy solo nos queda cambiar nuestros preceptos que nos han enseñado desde pequeños, olvidarnos de todo el maquillaje adulador e idealista que nos vendió el Estado como imagen propia de sí mismo, pero que era mentira en realidad. Era como el cuento de Blancanieves. Espejito espejito, quien es el Estado más bonito de todo el Reino? Y nosotros contestábamos: Usted, Estado, Usted... Nos tenemos que olvidar de todo esto y entender que la única función del Estado era la que me decía Elena aquella tarde, es decir, inculcar el miedo a la gente y coartarla para que no cometa delitos y ponga en peligro la propia integridad del status quo existente. Además, tampoco quieren que pensemos por nosotros mismos, y de la libertad individual como ciudadanos libres... de eso ya ni hablamos.
Y con todas esas herramientas que el Estado pone a su servicio: medios de comunicación, enseñanza pública manipuladora, fuerzas de seguridad, televisión atontonadora, etc etc. debemos volcarles todo eso en su contra y empezar a organizarnos un poco al margen y no creernos todas sus mentiras. En Grecia ya están empezando a usar monedas alternativas al euro en mercados locales que albergan a pequeños núcleos de población. Usan monedas para dar un valor justo a los bienes materiales, que se obtienen en el entorno local a través de cooperativismo y algunas prácticas de trueque, y están empezando a conseguir colaborar entre ellos al margen del Estado. El Estado no es el salvador, sino el opresor, el verdadero enemigo. Se acabó el engaño, y todo parte de que todos nos concienciemos de que el sistema no evoluciona garantizando el bienestar y progreso de los ciudadanos, sino garantizando su propio bienestar y su propio progreso y estabilidad.
Conclusión: Yo ya no me creo nada de lo que me intentaron meter en el bolo, y me siento totalmente engañado y estafado por esta mierda de Estado. ¿Y qué puedo proponer yo desde aquí, desde mi humilde rincón? Pues sigo proponiendo lo que vengo diciendo recientemente. La solución pasa por organizarnos en pequeños sindicatos del crimen y derrocar silenciosamente las vidas de aquellos que gobiernan desde el engaño. En realidad, ETA, si no fuera porque ha ido matando civiles por ahí, sería un modo de organización soberbio para acabar con toda esta farsa.
Esa sería la solución violenta, pero también habría una solución silenciosa y más inteligente, que pasaría por cambiar todas nuestras ideas, olvidarnos de lo que el Estado quiere de nosotros y organizarnos a nosotros mismos en pequeños gobiernos autogestionados por nosotros mismos. Eso sería posible con la colaboración colectiva. El sistema siempre fomentó el éxito individual, y todo solo se podía conseguir con el mérito individual. El sistema critica e intenta ridiculizar a la Comuna de París del Siglo XIX, a los cantones republicanos de la Primera República Española, a la comunidad hippy que logra susbsistir pacifica y prósperamente en la Alpujarra granadinaes hoy en día. Es decir, ridiculiza el éxito colectivo para ensalzar el éxito individual en el cual nos atrapa como a ratones indefensos.
Eso es mentira, esa es la mentalidad que ha arruinado todo. Por eso, hoy es fundamental que estrechemos lazos entre todos y nos ayudemos unos a otros y colaboremos juntos. No obstante, la justicia social es la justicia social, y efectivamente, ha habido muchos seres humanos que han violado nuestros derechos por encima de sus posibilidades. El sistema nos dijo... hay que perdonar, no tener rencor, etc. Ok, perdonamos, pero así como ellos han arruinado la vida de tantas personas, creo que sería de justicia que algunos de ellos también cayeran en la miseria o probaran la furia de un pueblo enfurecido contra ellos. Yo no soy una persona rencorosa, pero qué hostias, esta gentuza se merece sufrir, porque yo como ser humano jamás habría ordenado cometer los delitos contra la humanidad que ellos están cometiendo y ordenando. Así que ahora les toca pagar, y después, nosotros ya nos organizaremos por nosotros mismos, o viceversa. Lo importante es que se haga justicia y como se dice en mi pueblo, 'a cada cerdo le llega su San Martín'. Punto y final.
Cuanta razón tenía mi profesora...
jueves, 26 de abril de 2012
Un cuerpo muerto que respira
El accidente del Avispón verde había dejado a Louie y a Phil en una situación física extrema, sin comida, agua o refugio. Sin embargo, en Kwajalein, los guardias procuraban despojarlos de aquello que los había mantenido vivos a pesar de haber perdido todo lo demás: deseaban quitarles la dignidad. El sentido del respeto por ellos mismos y el de la valía personal, siendo el armamento último y más sutil del alma, yace en el corazón de lo humano; ser privado de la dignidad equivale a deshumanizar, a poner por encima o por debajo de lo humano a un ser. Las personas sometidas a un tratamiento deshumanizado experimentan profunda desdicha y soledad, y descubren que es demasiado difícil mantener la esperanza. Sin dignidad, el sentido de identidad es borrado. En su ausencia los hombres no logran definirse por sí mismos, sino que terminan siendo definidos por sus captores y por las circunstancias en que los obligan a vivir. Un aviador estadounidense, derribado y degradado por sus captores japoneses, describió el estado mental a que este tipo de cautiverio conducía: «Literalmente me convertí en un ser humano de clase inferior».
Pocas sociedades valoraban tanto la dignidad como los japoneses; pocas sociedades temían tanto a la humillación como ellos. Para los japoneses la pérdida del honor merecía el suicidio. Ésta es quizá la razón por la que sus soldados, en la Segunda Guerra mundial, humillaban a sus prisioneros con tanto celo, procurando despojarlos de aquello que más dolía y más los destruía con su ausencia. En Kwajalein, Louie y Phil aprendieron una verdad oscura y por demás conocida en los malditos campos de concentración de Hitler, conocida también para los esclavos de América del Sur y para cientos de generaciones de personas traicionadas. La dignidad es tan esencial para la vida humana como lo es el agua, la comida y el oxígeno. Si el hombre se aferra a la dignidad a pesar de las pruebas físicas más extremas, el alma humana es capaz de mantener vivo a un cuerpo mucho más allá del punto en que éste debería haber claudicado. La pérdida de la dignidad puede afectar tanto a un ser humano como la sed, el hambre, la exposición, la asfixia o las mayores crueldades. En los sitios como Kwajalein, la degradación podía ser tan letal como una bala.
Fragmento extraído de Invencible, de Laura Hillenbrand
Pocas sociedades valoraban tanto la dignidad como los japoneses; pocas sociedades temían tanto a la humillación como ellos. Para los japoneses la pérdida del honor merecía el suicidio. Ésta es quizá la razón por la que sus soldados, en la Segunda Guerra mundial, humillaban a sus prisioneros con tanto celo, procurando despojarlos de aquello que más dolía y más los destruía con su ausencia. En Kwajalein, Louie y Phil aprendieron una verdad oscura y por demás conocida en los malditos campos de concentración de Hitler, conocida también para los esclavos de América del Sur y para cientos de generaciones de personas traicionadas. La dignidad es tan esencial para la vida humana como lo es el agua, la comida y el oxígeno. Si el hombre se aferra a la dignidad a pesar de las pruebas físicas más extremas, el alma humana es capaz de mantener vivo a un cuerpo mucho más allá del punto en que éste debería haber claudicado. La pérdida de la dignidad puede afectar tanto a un ser humano como la sed, el hambre, la exposición, la asfixia o las mayores crueldades. En los sitios como Kwajalein, la degradación podía ser tan letal como una bala.
Fragmento extraído de Invencible, de Laura Hillenbrand
miércoles, 25 de abril de 2012
Invencible, de Laura Hillenbrand
Loui Zamperini se disponía a batir el record de la milla cuando la guerra sobrevino. Ni siquiera un atleta como él, nacido en Nueva York pero criado en un pueblecito llamado Torrance, situado al sur de California, podía eludir la responsabilidad obligatoria de enrolarse en el tren de la muerte. Porque Unbroken de Laura Hillenbrand demuestra las grandes negligencias de la guerra. Un ameno relato biográfico descrito en tercera persona, sin dialógos, pero sí con una carga narrativa destacable, y una descripción sencilla pero con mucha fuerza emocional de la vida de un finalista olímpico y aviador del ejército de los Estados Unidos. Sin duda, Invencible se trata de un buen libro. Si acaso, su único fallo es el viraje que toman los acontecimientos durante la guerra. Perdidos en una balsa a la deriva, Loui y dos compañeros de la aviación norteamericana sufren una serie de desavenencias tan similares a las narradas por Gabriel García Márquez en Diario de un Náufrago, que le dan un toque amargo a la historia, haciéndola bajar un par de peldaños. A pesar de eso, Invencible narra con crudeza la Segunda Guerra Mundial, pero sin caer en la fantasía. Un ejemplo real de cómo los intereses de unos pocos se anteponen a la vida de unos humildes muchachos de pueblo, que un buen día deben abandonar las aulas de la USC (Universidad del Sur de California) para afrontar un trance que cambiará sus vidas para siempre.
Nota personal: 6,5
Nota personal: 6,5
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